Miércoles, 05 de enero de 2005
Fragmento de Óscar.
... y juró que no volvería allí, porque hacerlo era destapar de nuevo la caja de sus recuerdos y cavar más hondo, si cabe, en su propia herida. Pero ni siquiera él creía sus promesas, y ,desgraciadamente, se conocía lo suficiente para saber que aquella marchita página no iba a ser la última.
Se sujetó el corazón con una mano, porque la otra sostenía gran parte de su vida en forma cilíndrica y con olor etílico; se miró al espejo pero sin querer creer lo que veía y amago un gesto de peinarse, como si volviera a ser el de antes. Agarró el pomo con ímpetu y lo giró sin convicción. Sin darse cuenta ya estaba dentro. Miró a su alrededor, y todo seguía igual. Olió por encima y se dio cuenta que él sí conocía el olor a soledad. Afiló su oído, pero sin éxito, el silencio seguía siendo ensordecedor. Había poco allí dentro.
La habitación era pequeña, aunque a él le parecía excesiva. Una mesa rancia, carcomida por el tiempo y harta de aguantar lágrimas; al fondo, como olvidada, como innecesaria. Debajo de ella, en ese sutil espacio que guardan con magia las antiguas mesas, encajaba perfectamente una silla, a juego, no sólo en su forma y estilo, con la mesa. Una lámpara caducada, más por el tiempo que por su uso, destrozaba la perfecta armonía de aquel abatido habitáculo. Encima de la mesa todavía se observaba la penúltima página de una historia, de algo más que una historia. Algo amarilla ya, con la tinta cayéndose por encima y todavía bañada de solitarios sollozos.
Echó un trago, para sentirse alguien, retiró la silla y con cuidado se sentó. No quiso mirar aquellas páginas, porque el tránsito anterior seguía demasiado vivo en su cabeza, y las retiró cuidadosamente hacia un lado, temiendo que en algún momento cobraran vida de nuevo. La pluma temblaba en su mano.
Su cabeza tejía ilusiones con hedor a whisky y las pintaba con notas de jazz, e improvisó su destino, pidiéndole a Dios que decidiera por él. Prefirió arrinconar sus sandeces y descender a las cloacas donde podía conversar entre ratas.
Continuará...
Óscar.
Por: Israel Mondejar | Literatura | Comentarios (0) | Referencias (0)
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